Luces extrañas que cruzan el firmamento, que giran, bandean a izquierda y a derecha, que desaparecen. Enormes agujeros en medio del monte. No son pájaros, ni aviones, son los supuestos «expedientes X» gallegos.

Los investigadores creen que, si hay información, todo tiene su explicación

Nacho Mirás

Con los datos que manejan los investigadores serios, lo más parecido que hay a un extraterrestre es un ministro. Vamos, que detrás de una luz misteriosa que no sea ni una ambulancia ni una roca espacial es más probable que estén José Bono o Donald Rumsfeld que ET. Y es que no son pocos los que relacionan las visiones de ovnis con la tecnología militar, desde prototipos secretos a vulgares y terribles misiles disparados con insidia y, sobre todo, con nocturnidad. Pero hay ovnis y ovnis.

El 80 % de las apariciones de objetos volantes que se producen en España se pueden explicar, según asegura el director de investigaciones de la Fundación Anomalía, Vicente Juan Ballester, en cuya opinión hay información insuficiente en el 13 % de los casos (por lo que cualquier estudio es impracticable) y sólo un 7 % de los informes es tan extraño que se queda sin opción.

El mismo experto aseguraba que los 5 avistamientos ovni más importantes de la historia realizados desde Canarias fueron, en verdad, misiles lanzados desde un submarino de los Estados Unidos en el Atlántico norte. La explicación no es tranquilizadora porque, hasta que se demuestre lo contrario, uno de estos supositorios es muchísimo más peligroso que un pequeño hombrecillo verde y cabezudo.

El más nuevo

El último capítulo ufológico gallego fue contemplado por decenas de personas. Ocurrió el pasado 2 de junio, cuando una extraña luz cruzó Galicia. Se vio desde Monforte, donde un informante lo observó a las doce y cinco de la madrugada. «Parecía un avión en llamas que venía a colisionar, o como un misil con una gran humareda. De repente pegó un giro, se hizo una especie de ese y desapareció, daba la impresión de que subía», cuenta el vecino, que prefiere custodiar celoso su identidad para evitar ser víctima de esa teoría escéptica que dice que los ovnis, los santos y las vírgenes nunca se les aparecen a gentes fiables. «No tengo ni idea de lo que era, pero era raro, sí, como uno de esos misiles que salen en la tele cuando echan hostilidades», añade.

El mismo artefacto, misil, cosa volante, foguete espacial o prototipo de proyectil de palenque lo vieron en Vigo, en Tui, en Ourense, en Tomiño, en Baiona, en Cangas, A Guarda y en Portugal. De momento no hay una explicación concluyente, aunque anhelo puntos la teoría de la tornillería militar.

Un poco de historia

La aparición de ovnis en Galicia es relativamente frecuente. Las hemerotecas dan cuenta de casos innumerables que han podido ser explicados en mayor o menor medida, sobre todo en menor. La Voz de Galicia publicó su primera comunicación sobre objetos voladores el 9 de julio de 1947. Un inciso: el inserto sale justo debajo de otro fenómeno paranormal: el triunfo abrumador del caudillo Franco en el referéndum planteado por él mismo a los españoles.

Al caso. La nota paranormal sobre otra clase de seres bajitos viene fechada en Washington, donde el secretario de la Casa Blanca bromea para explicar los famosos «platillos volantes» vistos por esa época en Estados Unidos y en Europa: «Se trata de un malabarista de la costa del Pacífico que practicaba con unos platillos que se le fueron de la mano. Según ha hecho constar, nunca pensó que pudieran subir tan alto». Mucho más en serio, el general Arnold relacionaba el asunto «con algún invento extranjero sobre el que el inventor haya perdido el control».

Es muy cómico el testimonio de una inglesa, Marjorle Hyde, recogido en aquel número de La Voz. La señora confiesa que vio los famosos platillos pero que no quiso avisar a la policía «para no agobiar». Desde lo de la señora Hyde, han corrido ríos de tinta sobre ovnis, y Galicia no iba a ser menos.

Objetos galaicos

En los bares de Vigo todavía se recuerda que el célebre peluquero Minguela juró haber visto dos ovnis con la parte superior de color negro. Al profesional de las tijeras no le gustó nada que, en un programa de radiodifusión, Xosé Francisco Armesto Faginas se cachondease sugiriendo si no habrían sido tricornios de la Guardia Civil lo que Minguela vió.

En 1966, un cabo primero, un celador y dos marineros aseguraron que, a las once de la noche, habían visto en el firmamento de A Carreira (Ferrol) un objeto brillante que variaba de posición cada cinco minutos y que se desplazaba de izquierda a derecha. Otro marinero lo vio igualmente 45 minutos más tarde en Xubia.

En 1969, un conductor juró haber visto un objeto lumínico en la carretera Madrid-Ferrol, a la altura de Becerreá (Lugo). Esta vez no era un artefacto volante, sino un ovni a ras de tierra que desapareció de repente. Otro caso se refiere a un coruñés que vio una luz verde que no era un taxi delante de su coche cuando circulaba por un monte de Boiro. Era, en cualquier caso, un ovni con carné, porque el conductor aseguró que la luz le sobrepasó por la izquierda.

En 1977, un ingeniero extremeño aseguraba haber visto un ovni sobrevolando el valle de Xestoso, en Monfero. Bernardino Sánchez, que así se llamaba, había llegado él solo a la conclusión de que existía vida más allá de la tierra. Luego hubo una oleada de avistamientos en los años 90.

Muchos de aquellos sucesos pasados permanecen sin explicación, alimentando el aura de intriga que rodea a todo lo que tenga que ver con el firmamento. Pero hay una serie de asuntos más cercanos en el tiempo que han sido minuciosamente diseccionados por los investigadores.

El suceso de Cando fue el primero de una serie de acontecimientos ocurridos en un período relativamente corto. El 18 de enero de 1994, un objeto brillante atravesó el firmamento de A Coruña, un hecho que despertó el interés del observatorio Ramón María Aller de la Unversidad de Santiago, que dirige José Ángel Docobo. Días después, su equipo, alertado por unos paisanos, dio con un cráter de 29 metros de largo por 13 de ancho en la parroquia de Cando de Arriba, en Serra de Outes.

Los profesores Docobo, Spalding, Ceplecha, Díaz-Fierros, Tamazian y Onda relacionaron el cráter y la luz y al instante se pensó en un objeto volante estrellado. Pero las investigaciones determinaron que el ovni no tuvo nada que ver con aquel agujero, que se debió a un corrimiento explosivo de tierras como el que años más tarde se produciría en los montes coruñeses de Brión. La luz fue una coincidencia, quizás atribuida a un bólido.

El ovni de Cacheiras

El 14 de junio del 96, el ex alcalde de Ames, José Astray, fue testigo de excepción del denominado ovni de Cacheiras, que entró en Galicia por Verín, salió por Ortigueira y se estampó en el mar. Los investigadores determinaron que se trataba de un bólido de grandes dimensiones (se le llama meteorito una vez que cae a tierra).

Mucho se investigó asimismo para descubrir el origen del pedrusco de hielo que cayó del firmamento en O Courel a pocos metros de José Soto, el 9 de julio del 96. Era una piedra fría, azul y con olor a amoníaco. Soto la guardó primero en la nevera de su casa, pero luego se asustó y la trasladó a una de las televisiones locales de Monforte, donde lo custodiaron quince días en un frigorífico.

Las conclusiones de los sesudos estudios fueron descorazonadoras: José Soto y la televisión de Monforte habían guardado en sus neveras el bactericida congelado que se utiliza para neutralizar el pis en los váteres de los aviones.

En junio de 1999, el hostelero de Laxe Antonio Toja y su familia vieron un ovni, que describieron como muy brillante, de forma cúbica y cubierto o compuesto por una especie de malla irregular. Estuvo suspendido en el firmamento más de dos horas, se movió hacia abajo y en dirección a la derecha y desapareció. Nunca más se supo.

Otro cráter en un monte, parecido al de Cando, disparó las alarmas de los ufólogos cuando La Voz lo dio a conocer en su edición del 22 de noviembre del 2000. Apareció en los montes de Cornanda, en Brión. Los vecinos lo bautizaron como «O fenómeno» y especularon con la posibilidad de que hubiese sido provocado por un meteorito o, incluso, por el aterrizaje o caída de una nave espacial. Los profesores Docobo y Díaz Fierros atribuyeron el tremendo agujero a un corrimiento de tierras de tipo explosivo, algo muy poco habitual pero que no tiene nada que ver con el espacio.

El 16 de septiembre del 2001 la luz que entró en el firmamento por la ría de Noia dejó con la boca abierta a muchos. Esta vez se pudo comprobar que se trataba de los restos de una nave Soyuz rusa entrando en la atmósfera. El 4 de enero de este año fue un bólido la luz que atravesó el firmamento de sur a norte a eso de las 17.45. Cayó en el norte de la provincia de Palencia y sus restos se están estudiando. Otro caso reciente está fechado el pasado 28 de abril, sin duda otra piedra cósmica.

Pero sigue habiendo un porcentaje de enigma en el fenómeno ovni. La prueba es la propia ciudad de Santiago de Compostela, surgida a raíz de que el ermitaño Paio viese unas extrañas luces sobre un monte que, se supone, señalaban los restos del Apóstol. Ocurrió en tiempos de Alfonso el Casto, cuando la humanidad todavía luchaba a macheta. 

Fuente La voz de Galicia