Muxía y la aparición de la Virgen 2ª Parte 1


Aquí puedes leer la primera parte de Muxía y la aparición de la Virgen.

DIARIOS DE PEREGRINACIÓN

La prolongación a Fisterra y Muxía es, tras el Camino Francés, el itinerario con más referencias en la literatura odepórica. A Jorge Grissaphan, caballero magiar del siglo XIV, debemos el relato más temprano de esta ruta en sus “Visiones Georgii”. Tras alcanzar Compostela como peregrino, deseoso de permanecer en Galicia como eremita fue informado de un “lugar muy solitario, desierto y apartado notablemente de los hombres y de sus viviendas, situado entre montes altísimos que casi nadie frecuentaba”. Se trata del monte de San Guillermo, en el cabo Fisterra. Sin embargo, y después de cinco meses, tuvo que marchar por ser muchos los que lo visitaban -algunos, con seguridad, peregrinos-.

A finales de la Edad Media abundan las relaciones, por ejemplo la de Nompar II, el señor de Caumont (1417), que pasó por Morañas y habla de San Guillermo “del desierto”. Otro tanto cabe decir de Sebastián Ilsung, de Augsburgo, en 1446, el primero que menciona Muxía. Un anónimo alemán (mediados del siglo XV), que en Fisterra contempló “la silla de piedra desde la que Santiago, Pedro y Juan miraban el mar”, nos proporciona un curioso dibujo de la ermita y las piedras de Muxía. A finales del siglo XV, el polaco Nicolás Popielovo, que parte sin dilación de Compostela a Muxía, describe el “barco destrozado, hecho de pura piedra” en el que navegó la Virgen, que a pesar del tamaño de su mástil podía moverse con una mano. De aquí fue a Fisterra, en cuya iglesia se ganaba entonces la indulgencia plenaria. También es del siglo XV el relato de Mártir, Obispo de Armenia, que encuentra aquí al “vakner “, un extraño animal salvaje, grande y muy maligno.

Entrado el siglo XVI, el veneciano Bartolomeo Fontana visita Muxía y Fisterra, siguiendo de forma inusual, desde A Coruña, la Costa da Morte (1539). Indica que los libres de pecado mortal podrán mover con un dedo la piedra del navío de Muxía, como el mismo lo hizo, y que todos deben pasar bajo el casco (pedra dos Cadrís) y dar tres vueltas a la ermita. En Fisterra recuerda el hospital y habla de los guías que conducían a los peregrinos hasta la ermita de San Guillermo. Doménico Laffi, el erudito clérigo boloñés cuatro veces peregrino, en 1673 se acercó también a Fisterra, donde menciona la iglesia de Santa María y el fanal con fuego para orientar a los navegantes. Su compatriota, el franciscano Bonafede Vanti, fue a Fisterra y Muxía, copiando en el santuario mariano una relación de los milagros de A Nosa Señora da Barca.

En estos relatos son frecuentes las referencias al monte de San Guillermo y a su ermita, hoy desaparecida y a cuyos restos se asociaba la fecundidad. En 1745 el Padre Sarmiento escribe: “No hace mucho tiempo, había una pila o cama de piedra en la que se echaban marido y mujer que, por estériles, recurrían al Santo y a aquella ermita”.