La Peroxa y su castillo 2


Muy cerca del pueblo de A Peroxa, se hayan las ruinas del que en otras épocas fue un hermoso castillo-fortaleza, situado en uno de los más bellos panoramas de la provincia de Ourense, fue durante siglos cabeza de Jurisdicción y capital del estado de Temes.

Mil largos años de historia, numerosas batallas, y cientos de avatares históricos no fueron capaces de derrumbar una joya arquitectónica como este castillo.

Soportó la terrible guerra de Os Hirmandiños, que en menos de dos años derribaron en Galicia más de ciento treinta castillos, y luego los ejércitos de la Santa Hermandad, que se dedicaron sistemáticamente al derribo de muchos de ellos, pero el castillo de A Peroxa seguía en pié, desafiando a la historia.

Pero lo que no pudo destruir un milenio de terrible historia, guerras y luchas internas, fue absurdamente echado abajo por la ignorancia, la barbarie y la incultura de gentes de nuestro terminado siglo XX.

Sobre la loma en que se asientan hoy sus ruinas, hubo en principio un castro, en el cual se asentaron nuestros primeros pobladores, que siguiendo el curso del río Miño, remontaron el regato y, buscando un lugar idóneo, edificaron sus primeras casas.

Con la dominación romana, llegaron numerosas familias a la península, y se instalaron en estos lugares privilegiados, buscando sucesivamente otros enclaves adecuados a la expansión de sus descendientes.

Dominadores por derecho de las tierras y sus nativos, construyeron sus casas solariegas en los lugares más propicios para su desarrollo. En aquellas fechas, lo importante era poseer la tierra, dominar las gentes y sacar de ellas el máximo partido posible, no importa a costa de cuantos sacrificios y miserias de sus habitantes.

Una de estas familias nobles, los Metelos, se asentaron en esta zona. Unos historiadores, opinan que su lugar de asentamiento original fue en Santa María de Arcos, en Chantada, en cuya iglesia parroquial se distinguen enterramientos timbrados con el blasón de los Fernández de Temes, nombre que tomaron en esta comarca, exigiendo señorío feudal sobre Chantada y su comarca.

Otros dicen ser el lugar de A Peroxa su cuna, en el castro primitivo, y existe una tercera versión que afirma que su solar de origen es una torre o casa fuerte, cuyas ruinas se encuentran en el lugar de Santa María de Temes, del cual tomaron su apellido y que el castillo de A Peroxa era su plaza fuerte, capital de su condado y lugar de administración de justicia y centro de defensa de los vastos territorios que comprendían sus estados.

Lo que sí parece más creíble es que se asentasen en los dos lugares, y en Temes tuviesen su casa solariega y residencia, puesto que, en ese mismo lugar, se encuentran sus tumbas más importantes, y de ese sitio tomaron su apellido.
Sin embargo, en A Peroxa, debido a su situación estratégica, edificaron una fortaleza para defensa de sus posesiones de las incursiones de sus enemigos.

No se puede fechar, por tanto, con exactitud, la construcción del primer fuerte de A Peroxa. Sin embargo, si nos atenemos a lo dicho por algún autor, como Crespo Pozo, que hablando de la dinastía de los Fernández de Temes, afirma que, sin duda, son los mismos nobles Metelos que, habiendo abrazado la fe cristiana, adoptaron como símbolo de su blasón una Tau, que engloba al apellido Temes y a la cruz cristiana, presumiendo de haber dado hospedaje en su casa de Asma, al mismísimo Apóstol Santiago.

Lo que sí es cierto, es que la familia Fernández de Temes, por aquel entonces, era propietaria de innumerables posesiones y casas solariegas repartidas por toda la geografía del contorno, desde Ourense, hasta Sarria, Láncara, Monforte de Lemos, Chantada, Cartelos, Villamarín, etc. No es de extrañar que sus miembros formasen la primera gran nobleza de la región.

Con la invasión de los Suevos, y después de cruentas luchas por la hegemonía sobre los territorios gallegos, muchas de estas nobles familias, consiguieron integrarse en la administración goda, consiguiendo más poder y prebendas de las que poseían anteriormente.
Pero nos interesa recalcar que en la defensa de Covadonga, estuvieron los nobles gallegos al lado de los primeros reyes astures y allí, ganaron sus títulos y posesiones los miembros de la familia Fernández de Temes, como veremos más adelante en el estudio de su genealogía.

Los territorios gallegos quedaron, en buena parte, libres de invasores musulmanes, debido a la pronta reacción de sus gentes y a que por la geografía de ciertas zonas, no les había entusiasmado demasiado al ver que sufrían continuos ataques de sus gentes, acostumbradas a la dureza del terreno y les infringían duras derrotas.

No obstante, los gallegos tomaron precauciones y pronto llenaron sus territorios de fortalezas y castillos en los que defenderse de los invasores.

Los Temes, que habían recibido multitud de honores de sus reyes por los servicios prestados, no fueron una excepción.
Por aquellas fechas, las ciudades decaen, prácticamente desaparecen o se convierten núcleos de importancia mínima. La sociedad se ruraliza, lo agrario cobra día a día, mayor importancia. La tierra pasa a ser el valor fundamental. El hombre no vale nada sin la tierra, hasta el punto de que su tierra se enajena o se traspasa con su encargado. Los ciudadanos de las urbes se escapan al campo en busca de seguridades de muy diverso tipo. El propietario de una tierra relativamente grande y estratégicamente situada pasa a tener cada vez mayor poder y autoridad, convirtiéndose en dominus, señor y cuidador de bienes materiales y de personas.

El estado de Temes no podía ser una excepción, así se comprende que una zona de orografía tan difícil, alcanzase el poderío y riqueza que tuvo.

Durante el reinado de Alfonso II, y por el año de 793, se levanta y fortifica con un castillo, la capital del estado de Temes: A Peroxa.

En ella y al frente de su guarnición de soldados pone a su Adelantado Mayor Fernán Núñez de Temes.

En el año de 430, los Suevos asolan Galicia al mando de su Rey Hermerico, su proclividad hacia la independencia hacen que Galicia sea el primer reino independiente de la península.

Tras largos años de luchas internas en Galicia, entre la nobleza existente y los suevos invasores, se va formando lo que sería el nuevo reino, con sus condados y diócesis, etc.

Durante casi cien años se suceden revueltas, cambios y multitud de hechos que no están muy claros, al no haber casi ningún documento escrito sobre esa época. Lo que sí parece cierto, es que la familia de los Temes sale reforzada en sus posesiones y riquezas.
Hacia el año 573, el rey de los visigodos, Leovigildo, pone su mirada en el reino suevo que hasta entonces no había traído más que problemas de revueltas constantes. Inicia por tanto, una campaña de represión contra Galicia y, ciertamente, a corto plazo, consigue algunos éxitos. Pero la tendencia de este pueblo hacia la independencia, hace que tenga que volver algunos años más tarde.

En el año 575, Leovigildo entra en Ourense, e hizo prisionero a Auspidius, defensor de la zona. El rey suevo Miro, pide ayuda a Gontran, rey de los francos, pero los embajadores no llegan a destino.

El rey visigodo sigue sus incursiones por el Miño, violando la frontera del reino suevo. Pero al poco tiempo y sin que se conozca la causa, Miro y Leovigildo, firman la paz.

Puede que este sea el momento adecuado en que los señores de A Peroxa, hasta ese momento aislados y tranquilos en su retirado feudo, comenzasen a pensar en fortificar de una forma más eficaz sus territorios.

La invasión Árabe

En el año 713, los árabes penetran en la provincia de Ourense y la dominan prácticamente toda.

No es momento de hacer un resumen de esta larga época; y menos en la zona que nos interesa, dado que en A Peroxa no se produjo ninguna invasión de los moros, salvo algunas incursiones, y duras batallas, como veremos.

En esta época de frecuentes incursiones musulmanas, el castillo se vio asediado más de una vez, y más de una vez corrió la sangre por sus laderas.

El año 822, Abb Al-karim dirigió una racia contra las posesiones gallegas del rey Alfonso II y sufrió una fuerte derrota en el asedio al castillo de A Peroxa.

En el año 825, Abd Al Rahman entró con un fuerte ejército en tierras gallegas, y logró su propósito, después de un largo asedio, tomó el castillo y, dejando una guarnición, marchó hacia tierras asturianas, donde se ensañó de forma cruel. Su intención era juntarse con otro ejército que subía por el sur de Galicia, pero este ejército jamás llegó, fue devastado por los cristianas en sucesivas escaramuzas.
El castillo de A Peroxa fue liberado y Abd Al-Rahman no atacó más a Alfonso II.

Alfonso II contó con el apoyo de Mahmud y lo mandó a defender el castillo de Santa Cristina, situado en los límites meridionales de Galicia, pero Mahmud traicionó a Alfonso II y, éste, lo atacó en dicho castillo, que tomó por la fuerza y a Mahmud lo ajustició.

Abd Al-Rahman, envió entonces, una peligrosa ofensiva contra Galicia, que causó graves daos a los cristianos. Pero Galicia siguió causando continuas derrotas a los musulmanes. Sin embargo, por la causa que fuere, quizás por ser costumbre, Abd Al-Rahman II siguió enviando a sus moros contra Chilligiya, que así llamaban los árabes a Galicia.

Quizás por estas fechas de continuas batallas, se forjó alrededor del castillo de A Peroxa, la leyenda que aun hoy perdura, de que los moros estuvieron en el castillo, que bajaban a buscar a las gentes del valle y se las llevaban. Que el castillo tenía un pasadizo secreto hasta el regato, por el que salían de noche a buscar agua, y del que nadie conocía la salida. Y que en su liberación, los cristianos contaron con la intervención del Apóstol Santiago, el cual voló con su caballo desde el monte que hay en frente, en donde dejó las huellas de sus herraduras sobre una peña y destruyó el castillo, siendo reconstruido de nuevo.

Pasadas las batallas con los árabes, el castillo siguió teniendo una fuerte guarnición, en previsión de lo que pudiera ocurrir, ya que en el año 878 Muahmmad se dirigió contra León y Galicia, ara atacar a Alfonso II, saliendo una expedición de Coímbra que cruzó el Duero y otra expedición que salió por mar para devastar las costas gallegas. Pero las expediciones contra Galicia, resultaron un fracaso.

A partir de esa época, comienza un periodo de repoblación de las zonas conquistadas a los árabes, y Galicia vive una época de relativa tranquilidad.

Tranquilidad que se vio turbada de nuevo por las incursiones de los vikingos en el reinado de Ordoño I hasta Ordoño III, sucesivas veces fueron rechazados de las costas gallega, hasta que dirigidos por el jefe vikingo Gunderedo, penetraron en Galicia hasta Santiago de Compostela y asolaron durante años las tierras del interior. EL Obispo de Santiago trató de detenerlos, pero pereció en Fornelos de Montes junto al río Louro. Los invasores se internaron aun más en sus correrías, y en el año 970asolaron la comarca de A Peroxa.

San Rosendo, que había dejado el monasterio de Celanova para hacerse cargo de la sede episcopal de Santiago, reunió sus tropas y junto con las del Conde Gonzalo Sánchez, y las de varios nobles, entre los cuales se encontraba Nuño de Temes, Adelantado Mayor de A Peroxa, a finales de 971, aniquilan a los normandos.

Regresarían los normandos en el año 1.016, penetrando por el Miño hasta Tuy, haciendo prisionero a su Obispo e incendiando la ciudad.
Alfonso V los combatió y expulsó definitivamente.

El lineaje de los Temes

Después de hablar de la fundación del estado o condado de Temes, y de su capital, A Peroxa, es importante hacerlo de sus amos.
Todo el linaje de esta noble familia se puede enumerar histórico documentalmente.

De los Fernández de Temes, como ya se ha dicho, descienden los Condes de Trava, el primero de ellos, D. Fernán Pérez de Trava, Capitán del Rey D. Alfonso El Emperador, fue Conde de Trastamara, Gran Señor de Galicia.

D. Fernando García de Caamaño, Caballero muy estimado y valiente en la milicia, era hijo de Rui García de Caamaño, uno de los caballeros más poderosos del Reino, eran suyas las villas de Noia y Rianxo y numerosas feligresías. Estaba casado con Dª Ildara Fernández de Castro, Alcaide de Toledo. D. Fernán Ruiz de Castro era hermano de Dª Ildara y se había casado con Dª Estefanía, hermana del Rey Alfonso.

Hijos ambos de Rui Fernández de Castro, que era hijo de D. Fernando, Infante de Navarra y de Dª Ildara Suárez, Señora del Solar de Castro de Peñafiel y de otras villas, como hija del Conde Alvar Fañez Minaya, primo hermano del Cid Campeador.

Descendía el caballero Rui García de Caamaño, de Sandia de Caamaño, señor de la misma casa y jurisdicciones, señorío y vasallaje, Gran Señor de Galicia por el año 713, cuando los árabes entraron en España, y de Sancho García de Caamaño, su hijo, señor de la misma casa y estados, que luchó junto a D. Pelayo en Asturias, y que junto a otros nobles caballeros, eligieron por Rey a D. Pelayo.

Casó D. Sancho García de Caamaño con Dª Constanza Fernández de Temes, hija de Vasco Núñez de Temes, hermana de Nuño de Temes, Señor de Chantada y Temes y Adelantado Mayor de Galicia, en su castillo de A Peroxa, padre de Fernán Núñez de Temes, de quien procede la casa de Córdoba, El Gran Capitán.

Son sus descendientes por línea directa y de varón a varón: D. Mauro de Caamaño Mendoza y Sotomayor, Caballero y Comendador de la Orden de Calatrava, Marqués de Villagarcía , Vizconde Barrantes, Señor de la Casa de Rubianes, y D. Juan de Caamaño Y Sotomayor, Señor de la Casa de Nebra, etc. Y por línea femenina, los Condes de Lemos, Marqueses de Altamira, los Duques de Feria y otros señores y titulados del Reino.

Con el Rey Fernando II, sirvieron los más nobles caballeros en muchos hechos de Armas, como el Conde de Trastamara, D. Fernán Pérez de Trava, Juan Pérez de Noboa, Gonzalo Osorio y D. Nuño de Temes, Adelantado Mayor de Galicia, Señor de A Peroxa, Y D. Fernán Ruiz de Castro, Conde de Castilla, que se casó con la hermana del Rey Fernando II y Dª Estefanía.

Hubo muchos ilustres apellidos gallegos en esa época en las órdenes de Santiago y Alcántara, sobre todo descendientes de la antiquísima familia Fernández de Temes.

Muerto Fernando II le sucede en el trono su hijo Alfonso IX, que tuvo gran cantidad de batallas con su primo el Rey de Castilla, perdiendo varios territorios que recuperó el Capitán General D. Pedro Fernández de Castro, hijo de D. Fernán Ruiz de Castro y primo del Rey, por su madre Dª Estefanía.

En la batalla de las Navas de Tolosa, participaron la mayoría de los Nobles Caballeros Gallegos, como los Osorio y D. Fernán Gutiérrez de Castro, quien halló sus ascendientes como Conde de Lemos.

D. Ruiz García de Camaño, hermano segundo de Fernán García, se casó en Castilla y dio principio en Andalucía a la Noble familia de los Camachos, su escudo de armas en oro, tomó los tres roeles rojos de los Castro y las tres fajas de los Fernández de Temes, de quienes descendía por Ildara Fernández de Castro, su abuela, hermana de Fernán Ruiz de Castro.
Alvar Pérez de Castro y su hermano Pedro Ruiz de Castro, eran descendientes de Rui Fernández de Castro y de Dª Estefanía Pérez de Trava, hija del Conde de Trava D. Pedro de Trava.

D. Pedro Fernández de Castro se casó con Dª María Sánchez, hija del Infante D. Sancho, hijo del Rey de León D. Fernando, y en segundas nupcias con Dª Jimena Gómez, hija del Conde de Trastamara, D. Gomes Pérez, hijo del Conde D. Fernán Pérez de Trava y sus hijos fueron: D. Fernán Pérez de Castro, D. Pedro Ruiz de Castro, D. Fernán Pérez de Castro, Dª María Pérez , Dª Ildaira Pérez y Dª Teresa Pérez de Castro.

Todos tuvieron sucesión muy ilustre.

Dª María Pérez de Castro se casó con Rui Giralte de Cataluña, Dª Elia se casó con D. Martín Sánchez, hijo del Rey D. Sancho. Dª María tuvo un hijo que fue Rui Giralte Fernández de Castro, de quien descienden los Castro de Aragón y Cataluña. Dª Teresa se casó en Galicia con Pérez de Temes.

D. Fernando Ruiz de Castro se casó con Dª Elvira de Valladares, señor de la Torre de Fornelos. Tuvieron a D. Juan Fernández de Castro y a D. Pedro Fernández de Castro. D. Pedro Ruiz de Castro fue padre de D. Ordoño Pérez.

D. Alvar Pérez de Castro se casó con Dª Irene Mencía López, de la que cuenta la historia que, hayándose su marido ausente del castillo de Matos, vinieron los moros sobre él y, ella, lo defendió haciendo vestir a sus criados con armaduras de soldados y los repartió por las almenas, y los moros huyeron pensando que el castillo estaba bien defendido. Tuvieron un hijo Ruiz Gutiérrez de Castro, a quien menciona el Rey Alfonso X el Sabio en sus crónicas escritas en su morada de Allariz, Ourense.

Dª Oragilda Muñoz se casó con Fernán Núñez de Temes, hijo de Bermudo Pérez de Temes y de Dª Teresa de Castro.

Vasco Núñez de Temes se casó con Dª Sancha de Castro, y tuvieron a Dª Urraca de Temes como hija única.

Dª Urraca de Temes se casó con D. Fernán Pérez de Trava, hijo de Bermudo Pérez de Trava y de Dª Teresa Enríquez, hermana del primer Rey de Portugal; tuvieron como hijos a D. Vasco Fernández de Temes, poderoso y rico hombre, cuyo epitafio en su tumba de Chantada dice: “Aquí yace Vasco Fernández de Temes, pequeño de cuerpo, grande de de esfuerzo, bueno de rogar y malo de forzar”; y que se casó con Dª N. Pérez, hija del Conde D. Nuño Pérez de Monterroso.

D. Vasco Fernández de Temes fue Adelantado Mayor de Galicia del Rey Fernando II, y Señor del Castillo y Ayuntamiento de A Peroxa, y continuó en su cargo con el Rey Alfonso, hijo de Fernando II.

Su hijo Bermudo Vázquez de Temes se casó con Dª Teresa de Castro y fueron padres de Dª Mayor de Temes, que se casó con D. Lope de Lemos, Señor de Sober y Ferreira, ascendiente de los Condes de Amarante, y consta en actas de matrimonio de Dª Mayor y D. Lope, la dote que trajo al matrimonio, entre otros bienes, los beneficios de S. Vicente de Graíces y de S. Cristóbal de Souto, que luego pasaron al Conde de Amarante.

D. Fernán Núñez de Temes no fue primogénito, sino segundo. El primero fue Vasco Pérez de Temes, Señor de Temes, Torre, Arcos y castillo de A Peroxa, el cual otorgó testamento en 1333. Poseía en tenencia la casa de Manda de Trives, y se casó con Dª Ildaira López de Balboa. Tuvieron como primogénito a D. Juan Vázquez de Temes y otros hijos como Vasco Pérez de Temes.

Se casó D. Fernán Núñez de Temes con Dª Ildaira Gila Muñoz y tuvieron a D. Alonso Fernández de Córdoba, primero de este apellido y que fue Adelantado Mayor de la Frontera y Aguacil Mayor de Córdoba, Señor del castillo de de Dos Hermanas y de las torres de Cañete y Castro de Río.

D. Alonso Fernández de Córdoba se casó con Dª Elvira de Sotomayor, procediendo de ellos por vía varonil, los Marqueses de Priego, los Condes de Feria, los de Celada, los de Alcaudete, los Marqueses de Guadalcázar, los de Comares, los Duques de Segovia, los de Cardona, los Marqueses de Pallas, los Condes de Paredes, los Duques de Lerma, De Uceda y Cea, los Condes de Sta. Gadea, los Condes de Buendía, los Condes de Cabra, los duques de Sexta, de Baena, los Duques de Soria, los Marqueses de Pozo, los Marqueses de Miranda de Aura, Mayorazgo los Callas de Madrid y otras casas de Caballeros que llevan este apellido, y a todos se les conoce las líneas y ascendientes de los ilustres apellidos Fernández de Temes y Fernández de Castro.

D. Pedro Fernández de Castro, llamado el de la Guerra, por las muchas en que participó, fue hijo de Fernán Ruiz de Castro y de Dª Violante Sánchez, hija de del Rey D. Sancho y tía del Rey D. Alfonso.

Quedó muy niño cuando el Infante D. Felipe mató a su padre, y fue criado con los Valladares de Portugal. El Rey D. Alfonso, su primo, le dio el estado de Lemos y Sarriaa la muerte del Conde Alvar Núñez Osorio. Fue también Mayordomo Mayor de Santiago y Adelantado Mayor de Galicia y Señor del castillo de A Peroxa, y más tarde Adelantado Mayor de la frontera con los moros.

Cuando el Rey cercó Lerma, acudió D. Pedro al servicio de su Rey con ochocientos caballeros, vasallos nobles suyos y de su mesnada, aportando casi toda la guarnición de su Adelantamiento de A Peroxa, llegando a ser General de las armas en Algeciras.

Se casó en Portugal con Dª Beatriz Alonso, de quien no tuvo descendencia, hija del Infante D. Alonso, y en casa de su pariente D. Lorenzo de Valladares , con cuya hija, Dª Aldonza de Valladares tuvo por hijos a: Dª Inés de Castro, que sería Reina de Portugal, esposa de D. Pedro, llamado “Cuello de Garza” por su elegancia y hermosura. De Dª Inés de Castro proceden, por los Infantes, sus hijos, la más esclarecida Nobleza de España y todas las coronas Europeas.

D. Alvar Pérez de Castro, Conde de Arroyolos, casó en Castilla con Dª Isabel Ponce de León, hija de D. Pedro Ponce, Señor de Cangas, teniendo de este matrimonio a D. Fernán Pérez de Castro, que le sucedió en la casa de Lemos; y a Dª Juana de Castro, que después de que enviudó de D. Diego de Haro, se casó con el Rey Pedro I El Cruel, de este matrimonio descienden los Castro de Castilla.

D. Pedro I se separó luego de Dª Juana de Castro. D. Fernando de Castro, hermano de Dª Juana, sintió mucho esto y abandonó a su Rey D. Pedro al que hasta ese momento había servido y se alió con el hermano de éste, y también pretendiente al trono, D. Enrique.

La reina madre del Rey, Dª María, trató de componer las cosas de sus hijos con sus vasallos y se juntaron en Toro, donde repartieron los Oficios: a D. Fernando de Castro le hicieron Mayordomo Mayor y le entregó el Condado de Trastamara, que habían quitado a D. Enrique y le nombró Alférez Mayor y le casó con Dª Isabel Enríquez, hija de D. Enrique, hijo legítimo del Rey D. Fernando III El Santo. A partir de aquí sirvió a su Rey D. Pedro I hasta su muerte.

D. Pedro le nombró también su Adelantado Mayor de Galicia y, por tanto, fue el nuevo Señor del Castillo de A Peroxa. Cuando el Rey Pedro se fue a Inglaterra en busca de ayuda para la guerra con su hermano, dejó a D. Fernando al mando de sus bienes y le dio el Castrillo de Castro-Geriz, cosa que estimó mucho D. Fernando por haber sido solar de sus antepasados. Murió el año 1.376 y su epitafio dice: “Aquí yace D. Fernando de Castro, toda la lealtad de España.

Remontándonos un poco en la historia, regresamos al año 1.231 en que se consolida la figura de Adelantado Mayor de Galicia, que hasta esas fechas había estado en manos de los amos de las tierras de A Peroxa, los Temes, pasándoselos unos a otros un poco como favoritismo del Rey y, otro poco, teniendo en cuenta el poderío de la casa de Temes que abarcaba gran parte de las tierras de la provincia de Ourense, sur de Lugo y comarcas de la tierra de Lalín.

El cargo de Adelantado Mayor era muy importante y sus funciones eran gubernamentales, económicas, financieras y judiciales. El nombramiento recae siempre en proceres del Reino.

Alfonso X quiere y ordena que la institución se aclimate en Galicia.

El carácter y la autoridad de los Adelantados reales tarda en afirmarse, si bien representan una magistratura más elevada que los señores comarcales, frecuentemente se recurre a ellos para dirimir pleitos y querellas señoriales, no actúan en la práctica con más rectitud y justicia que los poderosos de su tiempo.

Las instituciones eclesiásticas temen esta absorbencia de los Adelantados de la Corona y le hacen frente con todos los medios disponibles.
Con el tiempo, las antiguas funciones de los Adelantados se van multiplicando y complicando, sobre todo las de carácter económico. Se crean nuevos oficiales como los contadores, recaudadores y arrendadores.

Mediante el sistema de arrendamiento de las rentas reales, pasaba el cobro de estas con frecuencia a personas poderosas, nobles, caballeros, con fuerza suficiente para hacerse pagar incluso abusivamente.

Tal práctica estaba llamada a ser en Galicia una horrenda pesadilla y verdadero terror de la población.

La dinastía de los Castro

A comienzos del siglo XIV, la miseria cubre la tierra, peste, hambre, guerras, es lo cotidiano, sacudiendo hasta sus cimientos la conciencia de la sociedad.

Pobreza e infralimentación, como germen de toda posible epidemia, condiciones climáticas, extremas, frío y lluvia en exceso, tensiones estamentales, sociales, agravadas por el afán de ostentar la fiereza y el apasionamiento.

La nobleza fue protagonista en estas tensiones y enfrentamientos. Lanzada a una desesperada carrera de acaparamiento de las fuentes de riqueza y empecinada en un equipamiento militar de gran costo y alcance, no tarde en sembrar las tierras galleas de torres y castillos, desde los cuales consigue, sin dificultades, imponer su ley al vecino débil que es, por lo general, el monasterio, el municipio y el campesino. El proceso de autonomía señorial irrefrenable desde un siglo atrás, alcanza ahora su culminación, a mediados del S. XIV.

El Castillo-Fortaleza Real de A Peroxa, una de las principales de Galicia por aquel entonces, desde la que actuaban sus dueños los Adelantados Mayores de Galicia, vivió en esta época su mayor esplendor.

Como hemos visto en páginas anteriores, referente a los linajes de sus amos los Fernández de Temes, A Peroxa se convirtió en capital del Estado de Temes, los Adelantados Mayores pertenecientes todos ellos, en un principio, a esta dinastía, tenían en este castillo su centro de operaciones militares, desde el cual partían casi todas las incursiones hacia los enemigos de sus intereses, actuando en nombre de su Rey, aunque éste no tuviese nada que ver.

Descendiente del gran Vasco Fernández de Temes, D. Pedro Fernández de Castro fue su más ilustre Adelantado, padre de Fernando de Castro y de las Reinas Inés y Juana de Castro, como hemos visto anteriormente.

En el año 1.319 expidió en el castillo de A Peroxa, una carta de amparo al Monasterio de Oseira, ejerciendo sus atribuciones como representante del Rey en Galicia. Ya en el año 1.345, dicho monasterio hizo una encomienda sobre tierras de Deza, Lalín, de enorme importancia y valor al Adelantado que tenía entonces el castillo de A Peroxa, D. Andrés Sánchez de Gres, pasando entonces bajo la jurisdicción de dicho castillo.

Fernando de Castro, hijo de D. Pedro Fernández de Castro, pasa a ser amigo y hombre de confianza del Rey Pedro I El Cruel, y acompaña a su señor en las campañas de Aragón. En 1.358, Pedro I desbarata una conjura contra él y realiza una purga de nombres extremada crueldad, y en 1.360 remata dicha purga con otra exterminación de números caballeros.

EL hermano del Rey, Enrique, busca aliados contra su hermano e intenta conseguir como llegar a D. Fernando, pero éste sigue fiel a D. Pedro, al que acompaña en las batallas contra los moros en Valencia, demostrando su valor.

Pero en 1.366, Enrique comienza a imponer su causa ante la nobleza española. Pedro se refugia en Andalucía y Fernando en sus posesiones de Galicia.

Pedro I vuelve a Galicia en busca de sus aliados y, con Fernando, hace planes para salvar su reinado, elimina al Arzobispo de Santiago D. Suero Gómez de Toledo, y al Obispo de Ourense, D. Pascual García, le expulsa fuera de Galicia.

Fernando de Castro es nombre Conde de Trastamara, Lemos y Sarria, Alférez Mayor y Adelantado Mayor de León, Asturias y Galicia y, por tanto, Señor del castillo de A Peroxa.

D. Andrés Sánchez de Gres, en ese momento Adelantado en el Castillo de A Peroxa, comienza a dudar ante el sesgo que toman los acontecimientos, aunque no abandona a su Rey D. Pedro.

En 1.366, Pedro I marcha a Inglaterra a buscar ayuda contra su hermano Enrique. Éste, con su hermano, en el extranjero, se dirige contra Fernando de Castro y lo acorrala en Lugo durante meses, pero Pedro regresa con Refuerzos y Enrique desiste de su asedio. Fernando queda dueño de Galicia y trata de conseguir aliados para la causa de su señor, y así consigue que D. Juan de Noboa le entrega el puente romano de Ourense.

En enero de 1.367 Fernando de Castro nombra su propio Adelantado, el cual pasará a ocupar el castillo de A Peroxa, el puesto recae en D. Andrés Fernández.

D. Andrés Fernández, siguiendo con las costumbres de los antecesores, intenta conseguir las rentas de los cabildos y monasterios de su alrededor, enviando sucesivas incursiones desde la fortaleza de A Peroxa contra estos lugares. Enterado de esto, D. Fernando, le escribe una carta en julio de 1.367 rogándole que no moleste al cabildo de Ourense.

D. Andrés Sánchez de Gres, anterior Adelantado en A Peroxa y sustituido en su cargo por D. Fernando, es conminado a defender a su Señor, el Rey, por orden de D. Fernando de Castro, junto con los demás señores, caballeros y escuderos de Galicia, cosa que no hace ninguno de ellos: están convencidos de que la causa está perdida.

En Montiel, el 23 de marzo de 1.369, muere a manos de su hermano Enrique, D. Pedro, Rey de Castilla, de León y de Galicia, y Fernando de Castro es hecho prisionero.

Enrique II, ya Rey, quiso ser la antítesis de su hermano y comenzó concediendo perdones y confirmando a los nombres en muchos puestos como el Arzobispo de Santiago.

Fernando de Castro se escapa de su prisión en Guimaraes y marcha a Galicia donde es acogido con júbilo por mucha gente, y vuelve a ser el amo de Galicia hacia mediados de 1.369, pero Enrique II, libre ya de la guerra en otros frentes, vuelve a la carga en 1.370 y, la alianza en torno a Fernando se tambalea.

Enrique II envía a Galicia a sus dos capitanes más valerosos, Pedro Manrique y Pedro Ruiz Sarmiento, futuro Adelantado Mayor de Galicia.

Fernando de Castro tenía ya los días contados en Galicia. Vencido y desterrado a Portugal, que ahora pertenece a la Corona de Castilla, pierde todos sus bienes y títulos.

Enrique II en Galicia

En 1.370, llegan dos hombres a Galicia de la confianza de Enrique II, Pedro Enrique de Castro, que ostentará el título de Pertiguero Mayor de Santiago y Conde de Trastamara, y Pedro Ruiz Sarmiento, con el título de Adelantado Mayor de Galicia, nuevo señor del castillo de A Peroxa. Ellos serán, desde ahora, los nuevos jefes políticos de la nobleza gallega. A su lado, nuevas dinastías aparecen formando la alta clase gallega: Rodríguez de Biedma, Alvar Pérez Osorio, Rodríguez de Valcárcel, Juan Pérez de Noboa, los Sotomayor, Moscosos y Ulloas.
El nuevo conde de Trastamara, Pedro Enríquez de Castro, se comporta de manera despiadada con las iglesias de Santiago, Lugo y Ourense, y el Adelantado Mayor invade violentamente los bienes y monasterios gallegos y ocupa las fortalezas de los señoríos eclesiásticos, sin prestar atención a las normas de la Corona.

Por parte de los otros caballeros también se suceden atropellos, acaparamientos de los bienes eclesiásticos y concejiles con que agrandar sus señoríos.

Nuevos castillos y casonas surgen en los más apartados rincones de la geografía galaica; al mismo tiempo van infiltrándose en los municipios ocupando puestos claves, como regidores, alcaides, capitanes, etc., adueñándose de los sustanciosos ingresos de las ciudades.
La nueva hidalguía gallega, llega a acaparar hasta los monasterios, que eran en su mayor parte de los bienes eclesiásticos.

Los Sarmiento

En 1.390, Juan I Rey de Castilla, después de numerosas quejas de los abades y priores de los monasterios crea una nueva reforma eclesiástica.

Pedro Ruiz Sarmiento, Adelantado Mayor, Señor del castillo de A Peroxa, al igual que otros nobles, también había cometido gran cantidad de atropellos con los monasterios, llegando a proclamarse encomendero de muchos de ellos, como Oseira, Celanova, Meira, Mondoñedo, Santa Comba, Poio Ribas de Sil, Samos, S. Clodio, etc., llevándose de ellos dinero, joyas, alimentos y usándolos como suyos propios.
La resolución de 1.380, obligó a muchos de ellos a la devolución de dichas encomiendas resarcir los daños causados.

Ya en el año anterior, 1.379, el Rey D. Juan I tuvo que ordenara Pedro Ruiz Sarmiento que abandonase las encomiendas de la casa de Temes, anexionadas al Castillo de A Peroxa, ante el poderío que este señor estaba tomando.

Pedro Ruiz Sarmiento, obedeció en parte con la casa de Temes, que restituyó parte de sus pertenencias, pero otras quedaron anexionadas al castillo de A Peroxa. Al igual que los monasterios. Tanto Pedro Ruiz Sarmiento como Pedro Enriquez de Castro, siguieron acaparando con su poderío las encomiendas de dichos monasterios, teniendo sus abades que pactar con ellos y con otros nobles, y terminar por aceptar por encomenderos a estos señores, pese a las normas reales.

Sólo el Arzobispo de Santiago, D. Juan García Manrique, hizo frente en sus posesiones de Santiago y Tuy a Enríquez de Castro. Éste, luego, tuvo que marchar a Castilla como regente del nuevo Rey Enrique III, menor de edad, mientras el Arzobispo se hacía amo de sus tierras.
Sin embargo, la suerte de Pedro Ruiz Sarmiento era bien distinta: muchas abadías y monasterios se acogieron voluntariamente al señorío del Adelantado de A Peroxa, como fueron los de Meira y Pallares de Lugo.

En esta época, en la ciudad lucense, se producen multitud de revueltas, la más grave de ellas termina con el asesinato del Obispo de Lugo, D. Lope. Los cabecillas de dicha revueltas son los hermanos Cego, la célebre María Castaña, quizás bajo las órdenes de Pedro Ruiz Sarmiento, fueron juzgados en las Cortiñas de S. Román y condenados a muerte.

En Ourense, con las iglesias y sus bienes, sucede más o menos lo mismo; o quizá sea la más azotada en cuanto a encomiendas y protectores, Pedro Ruiz Sarmiento, Adelantado Mayor, sigue siendo el más fuerte Señor del momento y, como tal, actúa sin miramientos sobre la iglesia ourensana.

Una serie de revueltas contra los débiles obispos de Ourense, se suceden en la diócesis, muchas de las veces instigadas por el Señor de A Peroxa, según conviniese a sus intereses, apoyando a alguno de ellos o yendo en contra de los intereses eclesiásticos con otros prelados.
En el año 1.381, es nombrado nuevo Adelantado Mayor de Galicia, D. Sancho Ruiz de S. Abrant, siguiendo la dinastía Sarmiento, y pasando el castillo de A Peroxa a manos de su nuevo amo.

En el año 1.385, es instalado en la diócesis de Ourense D. Pascual García, que intenta recomponer el maltrecho señorío, aprovechando las reformas del Rey D. Juan I.

De nuevo vuelve a tener dicho obispo problemas con los nobles, sobre todo con los Sarmiento, los cuales querían apoderarse de Castillo Ramiro, en poder del Obispo.

D. Pascual García consigue del Rey Juan I un escrito en el que recrimina la actitud de su Adelantado y de los demás nobles, y autoriza a D. Pascual a reforzar el castillo y este cambia de nombre pasando a llamarse Castillo de Miraflores.

Pero los señores no cejan en su empeño y soliviantan a la población en contra de su obispo, y en el año 1.385, hay un motín en Ourense; la revuelta es grave. En esos días están en A Peroxa hospedados por D. Sancho Ruiz de S. Abrant, los dos alcaldes mayores del Rey, señores a su vez, por su cargo, de A Peroxa.

El obispo denuncia los hechos ante la corte y recibe del Rey apoyo para castigarlos.

Tras la invasión inglesa de Juan de Lancaster, el obispado queda muy deteriorado. Los sucesores de D. Pascual García, que vivieran casi siempre fuera de Ourense, hacien que sólo el cabildo haga frente a la insumisión de las vasallos, y a las cada vez más frecuentes intromisiones de los señores feudales.

Estas continuas incursiones por parte de los nobles dieron lugar a numerosos enfrentamientos, como hemos visto, los cuales continuaron con la dinastía de los Sarmiento.

En el puente romano de Ourense ocurren diversos incidentes entre el cabildo y los nobles. El obispado tenía un servicio de barcas en Portovello, lo que era una molesta competencia con los amos del Puente Romano. Para evitar enfrentamientos se avino el Cabildo a arrendar al Conde la Barca de Portovello, pero los conflictos continuaron porque el Tenedor del puente se negaba a pagar la renta de la Barca.

El nuevo Adelantado Mayor de Galicia, D. Diego Pérez Sarmiento, hijo de D. Pedro Ruiz Sarmiento, entre también en acción, siguiendo los pasos de su padre, reclamando señoríos y ejerciendo presiones despóticas sobre posesiones del cabildo ourensano. Hace valer sus atribuciones militares y jurisdiccionales en la zona para imponerse al clero como protector inevitable por su vecindad y poder, dada la grave situación en que vive la iglesia.

En el día 3 de enero de 1.394 se firma en A Peroxa el solemne acuerdo en el que D. Diego Pérez Sarmiento era nombrado encomendero de la iglesia de Ourense, asumiendo obligaciones muy precisas respeto de la inmunidad eclesiástica, tutela de los bienes de los clérigos, cobro de las rentas señoriales y seguridad pública. Este acuerdo es el inicio de una nueva etapa de la historia señorial ourensana, una etapa que sería muy sombría para Ourense.

Mientras los dichos señores se reparten el poder y las rentas de la iglesia ourensana, ésta veía desesperada, como se acaba su señorío y escribía cartas al Rey Enrique III, cartas de queja y llenas de ansiedad por la miseria a la que se veía sometida.

En este tiempo confuso y nefasto para el clero, surgen una serie de señores que se reparten los puestos estratégicos como satélites de sus grandes amos, los Condes de Trastamara y los Adelantados Mayores, los Sarmiento.

Linajes como los Espinosa, Cadórniga, Mosquera y Noboa tuvieron mucho que ver en estos atropellos.

Los Noboa, con Juan de Noboa a la cabeza, que era el alcalde del Puente Romano de Ourense desde 1.393, actuaban en contra del cabildo ourensano y a favor de sus amos, impidiendo al mismo tiempo el disfrute de las rentas de la barca de Portovello.
También detentaban otros importantes bienes y tierras en beneficio suyo y de su amo el señor del castillo de A Peroxa, como eran los cotos de Mourisco, Pena, Belesar y la feligresía de S. Miguel de Melias, unos casares en Pereiro de Aguiar y el lugar de Brosende. Ejerciendo un duro señorío y exigiendo tributos de toda clase, privando a la iglesia de sus bienes y disfrute.

Ya en 1.404, ante el Alcalde Mayor del Rey, es obligado a devolver a la iglesia dichas posesiones.

Pero los atropellos y abusos siguen sucediéndose por parte de estos nobles y demás hidalgos menores.

Muerto el obispo D. Francisco Alfonso, de forma violenta, los nobles tutores, D. Fadrique Duque de Arjona y D. Diego Pérez Sarmiento, Adelantado Mayor de Galicia, esperan con calma para llegado el momento oportuno seguir cosechando ventajas a costa del clero, y en 1.443 consiguen un arriendo en Cameixa y Orcellón.

Otros señores nobles, recién incorporados a este elenco, se unen a las tropelías cometidas, y uno de los destacados es Pedro Díaz de Cadórniga, que trae a la iglesia ourensana en jaque, apoderándose de numerosos bienes de ésta.
Hasta el mismo Adelantado D. Diego Pérez de Sarmiento le hace frente y castiga severamente.
Tras una larga serie de atropellos por parte de Cadórniga, este termina de forma trágica frente a la mano firme de del nuevo Obispo de Ourense, fray Pedro de Silva.
Pero las cosas vuelven a ser duras para el clero ourensano, y entre los Sarmiento y los Pimentel , así como también los Osorios, Condes de Lemos, someten de nuevo los territorios a sus dominios, y la cosa sigue así hasta la guerra de los Hirmandiños. En Santiago está como Arzobispo D. Rodrigo Luna. Frente a él, como de costumbre, la nobleza gallega.

El Rey Enrique IV intenta suavizar las cosas y encarga al comendador Juan Zapata la delicada misión de restituir al Arzobispo a su señorío.
Entre los valedores recomendaba a este oficial los nobles gallegos, D. Diego Pérez Sarmiento, Adelantado Mayor de Galicia, Señor de A Peroxa y Conde de Santa Marta; D. Pedro Álvarez Osorio, Conde de Lemos, D. Álvaro Pérez de Sotomayor; las villas de Coruña y Betanzos entre otras. D. Enrique IV confiaba que al ser llamados dichos nobles por sus comisarios, se pondrían a su disposición con sus gentes de armas, o por lo menos, no dificultarían su misión.

A los pocos meses tendría que lamentar su equivocación. El 4 de agosto se dirigiría a estos nobles recriminándoles el apoyo que estaban dando a la ciudad de Santiago, rebelada contra el obispo y ordenándoles que desistieran de su actitud de forma inmediata. Pero pasa el tiempo y ninguno se da por enterado. El Arzobispo estaba ausente de Santiago y seguían siendo dueños de la situación.

El día 7 de mayo recibían la orden de entregar las posesiones al nuevo Adelantado Mayor de Galicia, D. Juan de Padilla, quien las retendría en su poder hasta que se decidiera legalmente quien era su dueño.

En caso de desobediencia, D. Juan de Padilla, debería hacerle frente por la fuerza, pero el Arzobispo prefirió firmar el armisticio.
Una serie de discusiones entre los nobles vuelen a enfrentar a estos y al Arzobispo. Las vísperas de Santiago de 1.460, el Arzobispo está preparado para la batalla, enfrentándose a los nobles. Pero le sobrevino la muerte repentina, y con ello volvía la zozobra a las agitadas tierras gallegas.

D. Pedro Álvarez Osorio, Conde de Trastamara, fue el peor agitador de todas las revueltas contra el Arzobispo. Tirano sin igual, D. Pedro hizo caso omiso de todas las misivas del Rey o del mismo Papa. Pero su hora estaba contada: camino de Santiago va el genio político y militar del momento: Fonseca.

En marzo de 1.461 dirige su ataque al frente de sus huestes, y junto a sus nuevos aliados, Lemos, Moscosos, Sotomayor, Ulloa, aplastado a los ejércitos del Conde de Trastamara, que tiene que huir al galope de Santiago, poco tiempo después, el 11 de junio de 1.461, moría misteriosamente.

Fonseca había vencido. Con la calma conseguida lograba colocar a su sobrino, Alfonso Fonseca, en el trono de Santiago.
D. Alfonso viene a Santiago de mala gana, y actúa con mal humor y desapresión.

Se había premiado la ayuda de los nobles amigos de su tío menos a los Moscoso. Éste toma venganza en el joven Arzobispo. Le atrapa en una celada y lo enjaula y lo pasea por las tierras del Conde en Vimianzo.

Pide rescate por el Arzobispo. Los partidarios de Fonseca quieren conseguir dinero del tesoro del templo. Sus enemigos en el cabildo tratan de impedírselo el Conde Moscoso ataca la fortaleza de la Catedral. Una cruel batalla se desata. Tras seis meses de acoso, los fonsecanos se rinden ante el Conde. El Arzobispo tuvo que salir desterrado de Santiago durante 10 años. Moscoso es el nuevo amo y señor.

Todos estos atropellos por parte de la nobleza van a dar origen al levantamiento del pueblo y a una serie de Caballeros que se unen a la causa, y forman el ejército de los “Hirmandiños”.

1.466 es el año de la confrontación hirmandiña.

Harto el pueblo de tantos atropellos, por parte del clero y la nobleza, se levanta dispuesto a provocar el colapso mortal; no les interesa la política, sólo les una el sufrimiento y el hambre, y una sensación de odio y de venganza. Es una violenta confrontación.

Al frente de este furioso ejército de gentes, varios caballeros toman las riendas: Pedro Osorio, Alonso de Lanzos y Diego de Lemos, se erigen en caudillos de los tres focos importantes, Compostela, Betanzos y Ourense; y al grito de “Abajo los castillos” se lanzan a una feroz lucha. Los castillos caen seguidos, bajo el odio de los guerreros, que ven en ellos el símbolo de la opresión y la tiranía. Más de 130 castillos, fortalezas y casas señoriales, caen y son arrasados en poco tiempo.

Los nobles, que son cogidos desprevenidos, no contaban que la revuelta fuese a buen término, y se desmoronase por sí misma.
Los blancos de las iras son los Condes de Lemos, los Andrade, Moscoso y Mariñas y el Arzobispo de Santiago, Fonseca.

A duras penas salvaron sus vidas escondiéndose en monasterios remotos o huyendo del reino.

Pero la desgracia común que unió a los villanos unió también a la nobleza. El Conde de Lemos, el Arzobispo Fonseca, el Conde de Camiña y D. Juan Pimentel por un lado, con un ejército bien organizado comienza a arrasar a los Hirmandiños, y por otro lado la liga nobiliaria del centro de Galicia formada por los Andrade, Moscoso, Ulloa, etc aplastan a los levantados.

La primera tarea de la nobleza tras la victoria, fue reconstruir lo deshecho.

La dura ley del señorío volvía a imponerse con más dureza si cabe.

¡Arriba los castillos! Es ahora la consigna. Equipos de canteros servidos peones gallegos y prisioneros, levantan fortaleza tras fortaleza, bajo el duro palo de sus amos.

Pocos castillos escaparon a la furia arrasadora de los Hirmandiños, entre ellos el de A Peroxa, que permaneció intacto y respetado, quizás por albergar el propio representante del Rey y temor a su represalia y o ser feudal, propiamente dicho, lo cierto es que no figura entre los destruidos por el ejército Hirmandiño.

Tras este periodo de revueltas, las cosas vuelven a su cauce como antes. Los nobles, fuertes otra vez, toman las riendas del poder, al frente un hombre importante en la historia de Galicia: Fonseca, el Arzobispo de Santiago, si bien el Conde de Lemos abandona la alianza.
En su lugar aparece un poco misteriosamente otro personaje, no gallego, el nuevo Adelantado Mayor de Galicia y Señor del Castillo de A Peroxa: D. Fernando Pareja, con el se juntan de nuevo los caballeros que están en contra del Arzobispo, pactando una campaña contra Fonseca.

Pero esta vez el Arzobispo se prepara bien, fortifica Santiago y forma un ejército de más de dos mil hombres bien adiestrados para hacer frente a los nobles en caso de ataque.

Al mismo tiempo ataca directamente a sus enemigos los Moscoso y Sotomayor. La lucha adquiere una virulencia inusitada y los nobles se alían, es la guerra civil.

Fonseca sufre algunos reveses en sus batallas y los nobles de nuevo están fuertes frente a los ataques del Arzobispo.

Pero el Conde de Lemos abandona la alianza y es un nombre clave en ella.

Tras el pacto de los nobles y concesiones mutuas entre los señores feudales, están en condiciones de hacer frente a Fonseca.
Fernando de Pareja saca la guarnición de A Peroxa y se dirige al castillo de Melide, en donde se instala para, desde allí, lanzarse contra el Arzobispo, pero éste se adelanta, tomando la fortaleza y llevándose al Adelantado prisionero a Santiago.

Pareja recrimina a Fonseca la falta de lealtad de éste a su Rey, de quien él es el representante.

Tras una serie de concesiones por parte de los dos señores, se llega a un acuerdo: Fonseca consigue recuperar las rentas de los dominios de Santiago, una carta de perdón del Rey, y poderes en la tierra de Santiago. Pareja obtenía la ciudad de La Coruña y el mando absoluto en el resto de Galicia, excepto en terrenos del Arzobispo, donde no actuaría sin el consentimiento de éste.

Aunque el Conde Moscoso seguía con intenciones de molestar al Arzobispo y los nobles restantes andaban cada cual por sus fuero, las cosas siguieron revueltas hasta que los Reyes Católicos subieron al trono; ahora sólo quedaban dos posturas para ellos, o ponerse a favor del Arzobispo y al mismo tiempo de sus nuevos Reyes o a favor del Conde de Camiña, que estaba en guerra con los Reyes Católicos por Portugal.

De momento permanecieron a la expectativa.

Los Reyes Católicos

En este momento delicado, los nobles gallegos muestra, hacia las órdenes de los Reyes Católicos, una desgana e indiferencia manifiesta.
De la misma manera actúan frente a la guerra con los moros de Granada; con esta actitud los nobles gallegos pocas recompensas sacarían de sus nuevos soberanos.

Éstos, molestos por la falta de entusiasmo de la nobleza, trataron gradualmente de anularla políticamente.

El Conde de Camiña, perdió todas sus posesiones y quedó en un completo olvido.

Los Condes de Lemos también tuvieron que ceder parte de su territorio, como la comarca de Ponferrada, a favor del Conde de Benavente.
Hasta el propio Arzobispo de Santiago, Fonseca, hubo de abandonar Galicia durante unos años. Sus pretensiones autopistas tampoco encajaban en la política de los reyes.

Poco a poco, Fernando e Isabel, reducen a la impotencia política a la nobleza gallega. Fundan sus propios Condados, fieles a sus intereses, crean la nueva figura del Gobernador General como delegado ejecutor de su poder monárquico.

Fernando de Acuña, combina audacia y prudencia al mando del ejército de la Hermandad del Gobernador General. Luego D. Diego López de Haro consolida la iniciada pacificación.

Los reyes quieren evitar a toda costa nuevos brotes de insurrección en Galicia y la Hermandad destruye castillos y casas fuertes, fortalezas y todo lo que represente foco de resistencia a su autoridad. En 1.474 se destruyen mucos castillos, a causa de la demolición de los Reyes Católicos.

El castillo de A Peroxa es uno de los pocos que se salvan de esta orden. Quizá debido a que dependió siempre directamente de la Corona y no de un Señor Feudal. Al mismo tiempo era cabeza de jurisdicción importante. A partir de este momento en que desaparece la figura del Adelantado Mayor, el castillo pierde relevancia y pasa a depende de los Condes de Rivadavia.

Este condado creado por los Reyes Católicos pasa a ser cabeza de jurisdicción territorial, sus nuevos Condes son los antiguos amos de A Peroxa, los Sarmiento, antes Adelantados Mayores, que ejercían jurisdicción desde el castillo de A Peroxa sobre la comarca en que dicha fortaleza era capital.

La nueva jurisdicción de Rivadavia comprende un territorio mucho más amplio y comprende en él a la de A Peroxa, según el Padre Samuel Eiján: “En A Peroxa, castillo del que dependían ocho parroquias directamente del Conde, en Armental, el Conde y otros dos, y en Cariacedo, el Conde y otro”. Y en oficio de 1.747 mencionase como de los estados de Rivadavia, aparte de otros, las jurisdicciones de A Peroxa, Maside, Amoeiro y Esposende.

Otro de los Condes de Rivadavia, D. Diego Sarmiento de Mendonza, comunica en 1.610 la Real Cédula sobre la expulsión de los moriscos, que ostenta la fecha de 18 de diciembre de 1.609, dirigido uno tras otro a sus milicias , su villa y las jurisdicciones de A Peroxa, etc, bajo su mando.

El último Adelantado que tuvo A Peroxa de la dinastía Sarmiento fue D. Diego Pérez Sarmiento.

El primer Conde de Rivadavia fue D. Bernardino Sarmiento, hijo del anterior.

Siguen Dª María Sarmiento, D. Diego Sarmiento de Mendoza, D. Luis Sarmiento, Dª María de Sarmiento, D. Alvaro de los Cobos Sarmiento de Mendoza, D. Diego Sarmiento, D. Manuel Sarmiento, etc.

Los sarmiento traían como escudo de armas sobre campo de oro, trece roeles rojos, que hoy figuran sobre el retablo del altar mayor de la iglesia de Graices, una vez que A Peroxa pasó a dicha parroquia y la iglesia fue reconstruida por orden de dichos Condes en el 1.613 y llevada a buen término por D. Pedro Suárez Varela de Quiroga y Fernández de Temes, enterrado delante de dicho altar.

Dichos trece roeles figuran en el actual escudo del ayuntamiento de A Peroxa, aunque con el color inadecuado.

De esta forma, Rivadavia pasó a ser la capital del Condado, por su relación de los Sarmiento con dicha villa, heredada de su fundador: D. Pedro Ruiz Sarmiento, Adelantado Mayor en A Peroxa, del que proceden los Condes de Santa Marta, los de Rivadavia, los Marqueses de Camarasa y Condes de Castro, los Condes de Salvatierra, Marqueses de Sobroso, Condes de Pie de Concha, Condes de Gondomar, Hachas y Vizcondes de Portillo. Su hermana Dª Angela se casó con D. Alonso de Santana, y su hijo D. Alonso de Santana fue fundador de la Compañía de Jesús en Orense.

El Rey D. Enrique le dio a D. Pedro Ruiz de Sarmiento, los señoríos que habían pertenecido a D. Fernando de Castro, el antiguo amo de A Peroxa. Para que continuase la dinastía tan noble de los Castro, casó a su sobrino D. Pedro Enriquez con Isabel de Castro, hija de D. Fernando y le hizo Conde de Lemos y Sarria, Conde de Trastamara, Señor de las Villas de Alba de Tormes, Villafranca, Ponferrada El Bollo, Viana, Robleda, Chantada y le hizo su Condestable.

Pasado el tiempo, los herederos de D. Pedro Ruiz de Sarmiento, los Marqueses de Camarasa, serían los últimos dueños nobles del Castillo.
Rivadavia se convirtió en tránsito de tropas del ejército, al que había que hospedar y mantener, causando un enorme gasto que el condado tenía que soportar.

En el año de 1.647, permanecieron alojados durante tres meses las fuerzas de caballería del Capitán D. Antonio Jacinto Romero, importando el gasto de dicha tropa la cantidad de 150 ducados, aparte del hospedaje que era gratuito. Dicho gasto fue repartido entre las jurisdicciones que dependían del condado, correspondiéndole a A Peroxa la cantidad de 12 ducados.

Esto se repitió numerosas veces, y los gastos se partían entre las jurisdicciones que dependían del condado.

Así continuaron las cosas, ejerciendo justicia el Conde en el castillo sobre sus vasallos, compartiendo estas tareas con el Monasterio de Sobrado y dos particulares.

Tras la desamortización de Mendizábal, el castillo de A Peroxa albergó durante algún tiempo, el ayuntamiento de la localidad. Y alrededores suyo por los terrenos colindantes, se celebraban las fiestas.

En el año 1.920, fue adquirido por D. Artemio Fernández Quintela a D. Manuel Areán Pérez, y éste, a su vez, lo había adquirido a la Marquesa de Camarasa, por medio del apoderado de ésta, el presbítero de Punxín, D. Leonardo (¿de Toubes?).
El valor de la última transación fue de 1.500 pesetas.

En el año de 1.932, D. Joaquín García Sánchez, a sazón párroco de S. Xinés de A Peroxa, y arcipreste, decide construir la iglesia de Santiago de A Peroxa, , donde está la administración, y como según él no había suficiente piedra, destruye una iglesia antigua y presiona a Fernández Quintela a que le venda la piedra del castillo para la nueva obra, a lo que el propietario responde afirmativamente (por no tener otra alternativa) y así destruye, casi totalmente, el preciado castillo de A Peroxa, verdadera joya de arte y gran monumento ourensano.

Abandonado hoy en medio de la maleza, sobre una loma desde la que se divisa uno de los panoramas más bellos de la provincia, espera a que las autoridades actuales, le traten con más justicia y pueda, aunque mutilado, mostrar a los visitantes, sus antiquísimas piedras cargadas de historia, y cuando las contemplen, piensen que allí se levantó un castillo que en su tiempo fue uno de los más importantes de Galicia, y cuna de una dinastía noble entre los Nobles de España.

Lo que no consiguió destruir el paso del tiempo y las numerosas guerras que sufrió, lo destruyó el egoísmo del hombre del s. XX.


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2 ideas sobre “La Peroxa y su castillo