Las “Cuevas de Hércules” rodeadas de misterios y leyendas, resumen en cierto modo la tradición “subterránea” de Toledo. La tradición dice que este lugar fue labrado por Tubal o Hércules el Egipcio y sería la cátedra secreta desde la que el propio Hércules enseñaba las ciencias ocultas. Se decía que en esas cuevas había figuras o pinturas escondidas antes de la llegada de los árabes, cuyo desvelamiento acarrearía grandes males. En estas cuevas se sitúa también el tesoro que encuentra el joven judío del manuscrito de Roso de Luna, por sólo poner algunos ejemplos.

Las cuevas se hallan bajo la iglesia de San Ginés, hoy desaparecida. Además hay otros subterráneos en las cercanías, como los de la casa Navarro Ledesma, 1, y los de Hacienda. Bien pudiera ser que todos estos subterráneos fueran refugios iberorromanos, constituyendo una especie de ciudad refugio comunicada por pasadizos. La tradición de las pinturas escondidas podría referirse a que las cuevas se usaron como templo pagano en el que estatuas paganas siguieran recibiendo culto secreto después de ser oficial el cristianismo en Toledo; las estatuas estarían escondidas para protegerlas de la ola iconoclasta que seguramente patrocinó el cristianismo, ya que no se han encontrado apenas estatuas romanas en la ciudad. Posteriormente, podrían haber sido utilizadas como refugio por los cristianos perseguidos por los árabes y, luego, por los árabes y judíos perseguidos por los cristianos. Las últimas excavaciones han demostrado por fin que realmente estas cuevas formaban parte de las cisternas del abastecimiento romano de Toledo, como observamos en la fotografía adjunta a este texto.

Además de la tradición hermética de Hércules y los tesoros escondidos, esta cueva posee vinculada a ella otra tradición importante, referida al último rey godo, don Rodrigo, y la caída de España en manos árabes. Estas cuevas eran el recinto misterioso cuyo ingreso estaba prohibido a los mortales y cuyo desvelamiento acarrearía grandes males. El rey don Rodrigo se atreve a entrar y con ello arrastra a la ruina a su país, que se verá invadido por los árabes. Esta tradición la recoge un personaje tan pintoresco y ajeno a Toledo como es el Marqués de Sade. En sus Crímenes del Amor recoge un cuento alegórico que titula “Rodrigo o la torre encantada”, en la que el divino marqués da su versión libre y fantaseada; pero bellísima, un auténtico cuadro patiniresco:

“Mientras el peligro aumenta, el desgraciado monarca está en vísperas de ser echado del trono; se acuerda entonces de un monumento antiguo que hay por los alrededores de Toledo, el que llaman la Torre Encantada; la opinión vulgar cree que está llena de tesoros; el príncipe corre a ella con el propósito de aprehenderlos; pero no es posible entrar en el tenebroso reducto. Una puerta de hierro provista de mil cerraduras le impide tan bien el paso, que ningún mortal ha podido todavía penetrar en ella. En lo alto de esta puerta terrible se lee en caracteres griegos: No te acerques si temes a la muerte. Rodrigo no se asusta por esto: se trata de sus Estados, toda esperanza de encontrar fondos está perdida absolutamente: manda romper las puertas y sigue adelante.”