El historial médico de Tutankamón 1


Ayer os reproduje la noticia que colgamos en su dia en la web antigua sobre las pruebas de ADN de Tutankamón, y hoy os traigo la que pusimos el dia siguiente, El Historial médico de Tutankamón.

Porque murió joven, a los 19 años; porque no dejó herederos; y porque en los relieves y en las estatuillas tiene una apariencia femenina. Mucho se ha especulado sobre las enfermedades y la posible causa de fallecimiento del faraón egipcio Tutankamón, como también se ha teorizado sobre quién eran sus familiares directos.

Parte de la ‘verdad’ sale ahora a luz gracias a la utilización de varios métodos científicos, incluidos análisis genéticos, antropológicos y radiológicos, llevados a cabo sobre su momia y sobre otras 10 relacionadas de alguna forma con el joven faraón. Todas ellas han formado parte del proyecto iniciado hace ya dos años, conocido como la Familia Real Tutankamón.

Publicado en el último número de la revista “Journal of the American Medical Association”(JAMA), el estudio detalla que la malaria y las anomalías óseas parecen haber contribuido al fallecimiento del rey faraón Tutankamón.

“Debido a su muerte prematura, sin dejar descendencia, ha habido numerosas especulaciones sobre las enfermedades que pudieron sobrevenirle. Sin embargo, la mayoría de los diagnósticos establecidos son hipótesis derivadas de la observación y de la interpretación de los utensilios materiales encontrados en las tumbas, y no por la evaluación de los restos momificados de las personas reales”, aclaran los autores del ensayo.

Dos de los trastornos que se habían sugerido son una forma de ginecomastia (excesivo desarrollo de las mamas en los varones, normalmente, como resultado de un desequilibrio hormonal) y el síndrome de Marfán (enfermedad rara del tejido conectivo que afecta a muchos sistemas orgánicos y que se caracteriza por un aumento inusual de la longitud de los miembros).

“Las supuestas mamas aumentadas de Tutankamón, así como las de su padre, no han podido ser determinadas porque Akenatón es un esqueleto momificado y el joven faraón carece de parte frontal de la pared torácica. Por el contrario, el pene de Tutankamón, hace tiempo separado del cuerpo, sí está bien desarrollado. En cuanto a los huesos de la pelvis están casi totalmente desaparecidos. Los de su progenitor, pese a estar fragmentados, no muestran características femeninas tras su reconstrucción mediante el uso de tomografía computarizada”, reza el ensayo.

Alteraciones óseas y malaria

A pesar de que las nuevas inspecciones en el cráneo y el tronco del joven faraón no revelan información novedosa, “sí se han producido hallazgos llamativos que proceden del examen detallado del pie”, comentan los investigadores. En comparación con la anatomía normal del mismo, el pie derecho de Tutankamón tenía un arco bajo. El arco longitudinal medial del izquierdo era ligeramente superior al normal, con la parte delantera en decúbito supino y posición girada hacia adentro, similar a una deformidad del pie equino varo” (o pie zambo), agregan los autores.

Otras evidencias hacen referencia a la necrosis ósea en el segundo y tercer metartasiano izquierdos lo que hacen pensar, junto con otros hallazgos, “en que la enfermedad de Freiberg o de Köhler II (un trastorno óseo que afecta principalmente al segundo metatarsiano y que deteriora las articulaciones) estaba floreciendo en el momento de su muerte”, determinan.

“Este hecho demuestra que los bastones encontrados, como los de caña de azúcar, no obedecen a una cuestión meramente estética o simbólica sino a un problema físico real”, explica Carles Lalueza-Fox.

Tanto Hawass como su equipo insisten en “que no hay signos de ginecomastia ni de craniosinostosis (fusión prematura de las suturas craneales tras el nacimiento) o del síndrome de Marfán en el joven rey, pero la acumulación de malformaciones en la familia de Tutankamón es evidente.

Diversas patologías como la enfermedad Köhler II han sido diagnosticadas en Tutankamón, pero ninguna por sí sola le causó su muerte. Las pruebas genéticas para ‘Plasmodium falciparum’ (el parásito de la malaria) han revelado indicios de la patología infecciosa en cuatro momias, incluida la de Tutankamón. Además, la fractura de una pierna, como consecuencia tal vez de una caída, progresó hacia una enfermedad crónica (una necrosis ósea vascular, enfermedad producida por la falta de irrigación sanguínea al hueso) debido a su infección por malaria. Ambas circunstancias fueron las causas más probables de su muerte”.
El procedimiento empleado

Para Carles Lalueza-Fox, del Instituto de Biología Evolutiva de Barcelona, los “kits de amplificación de marcadores genéticos polimórficos empleados en la investigación, tanto en las momias masculinas como en las femeninas, son los utilizados normalmente en genética forense y permiten, efectivamente, analizar ocho microsatélites cromosómicos. Esto ha facilitado la aportación más novedosa, que es saber quiénes eran los padres y otros familiares de Tutankamón”.

“Hemos identificado a su padre en la tumba KV 55 (la de Akenatón) y a su madre, en la KV35, aunque se desconoce su identidad”, aclara Zahi Hawass, director del Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto y firmante principal de la nueva investigación, en la que han participado también científicos italianos y alemanes.

Para los científicos, “este estudio sugiere un nuevo enfoque en la investigación molecular genealógica y en la palogeonómica de los patógenos de la era faraónica. Una disciplina científica llamada Egiptología molecular podría establecerse y consolidarse con la fusión de las ciencias naturales y de la vida, de la cultura, las humanidades, la medicina, y de otros campos”.

Reservas éticas

En un artículo de opinión que acompaña al estudio, Howard Markel, de la Universidad de Michigan en Ann Arbor (Estados Unidos) se pregunta por este tipo de ensayos y cómo deberían llevarse a cabo.

“En el futuro lo que está menos claro es el desarrollo de las normas éticas con las que deben conducirse las investigaciones genéticas, médicas y radiológicas de otros humanos de la Historia. ¿Se podrán exhumar cuerpos para resolver ‘puzzles’ patológicos inquietantes? ¿Tienen las figuras históricas derecho a las mismas normas de privacidad que los ciudadanos normales y a disfrutarlas incluso después de la muerte? Y más pragmático, ¿qué es lo que realmente se gana con estos estudios? ¿Puede cambiar la forma actual de pensar sobre el tratamiento y prevención de enfermedades mortales, como la gripe? ¿Va a modificarse la comprensión del pasado…?”.

Para Markel, “todos los historiadores son culpables de disfrutar de la lectura del correo electrónico y de los materiales personales de los demás. Sin embargo, antes de molestar a los muertos con las maravillosas técnicas científicas del siglo XXI, es esencial seguir el ejemplo de los autores de este nuevo trabajo y ponderar todas las implicaciones éticas de estos trabajos para evitar abrir una caja de Pandora histórica”.

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