¡A cargarse las pilas en las pirámides del Teotihuacan!


Vestidos de blanco para atraer al sol y con una cinta roja alrededor de la frente para equilibrar la energía, cientos de familias, jóvenes y seguidores de la mística prehispánica, visitan estos días la zona arqueológica de Teotihuacan, situada a 35 kilómetros del norte de Cuidad de México, con el propósito de llenarse de las ‘buenas vibras’ de la primavera y realizar sus ofrendas a la naturaleza tal y como lo hacían sus ancestros.

Este sábado entró el equinoccio en el hemisferio norte, y desde las 11:32 am (hora local), momento en que se produjo el fenómeno natural, no ha cesado de llegar gente al lugar, vestigio de una de las ciudades más importantes del México prehispánico.

Rodeados de fuertes medidas de seguridad, llegan muy temprano para evitar el intenso sol y las largas filas para acceder a la cima de la ‘Pirámide del Sol’. Muchos optaron por pasar la noche cerca de las pirámides, acampados bajo la luz de las estrellas y de la música rock del concierto que se celebró la noche del sábado.

“Es la primera vez que venimos y hemos pasado mucho frío durante la noche, por eso nos vamos pronto a la pirámide para ver si nos podemos calentar un poco”, señala uno de los jóvenes de un grupo numeroso del DF que con mochilas y sacos de dormir avanzan hacia la entrada principal después de pasar la noche cerca del recinto ceremonial. Este domingo, el acceso a las pirámides es gratis para los mexicanos y sólo pagan los extranjeros.

El calor empieza a sentirse con fuerza y apenas son las 10:00 de la mañana. Un grupo de mujeres vestidas de blanco se dirige a otra de las puertas de entrada al sitio arqueológico. Van contentas a pesar de que las han asaltado en el camión que las traía desde Cuidad de México.

“Es la primera vez y nos han asaltado cuatro hombres con pistola en el camión y nos han quitado los móviles y el dinero. Qué le vamos a hacer, espero que cambie nuestra suerte ahora que vamos a recibir la energía del sol en las pirámides”, apunta una de ellas que viene acompañada de su hija de 12 años, vestida también de riguroso blanco.

Para los especialistas, la idea de subir a las pirámides para recibir ‘buenas vibraciones’ y cargarse de energía carece de sustento científico; sin embargo, ha motivado la concentración masiva de personas en las zonas arqueológicas que ponen en riesgo la estabilidad y conservación de los vestigios prehispánicos, explican.

Muchos creen que tampoco tiene mucho sentido el ir de blanco. Yenetzi Contreras, una universitaria de la capital, es también contraria a estas creencias. “El equinoccio para los prehispánicos significaba un momento del calendario, una forma de contemplar el mundo y todo eso se ha deformado. Lo que ahora dicen de la limpieza, la purificación, la energía o el ir de blanco no tiene ninguna base histórica”.
A ambos lados del camino principal, puestos de artesanías, instrumentos, camisetas y comidas… todos se quejan de que no venden. “Cómpreme algo que aún no he vendido nada”, señala Jacinto que carga dos dioses aztecas de barro.

Frente a los puestos, ‘la pirámide del Sol’, la tercera más grande del mundo, se alza majestuosa, desde lejos se distingue una multitud que sube y baja de manera ordenada los 360 escalones.

Una vez arriba, el tiempo apremia. Ya no puede uno hacer la flor de loto y meditar. Sólo se dispone de unos minutos para levantar los brazos al sol, respirar hondo y llenar el cuerpo de energía antes de que la policía repita el ‘por favor avancen’.

“El sol está muy cerca de la tierra, recarga a la pirámide y ella nos llena los siete chacras que tenemos, nuestras baterías”, cuenta Mario Mendoza, cabecilla de un grupo de 40 personas venidas de Puebla que, al menos, tuvieron la oportunidad de arrodillarse para dar la bienvenida al sol durante cinco minutos entonando el “Om, namah, shivaya”.

Otros, como Antonia González, una oficinista del DF, agitaban su ramita de ‘piru’ recién arrancada en la explanada porque, según le contaban los ancianos del lugar, esta planta medicinal “desvía la mala vibra que tanta gente puede soltar y así te llenas sólo de la buena”.

Eran sólo unos minutos pero a la gran mayoría les compensa, aunque para eso hayan tenido que hacer más de cinco horas de coche, como la familia de Francisco Pérez, que viene de San Luis Potosí. Los más pequeños, sin embargo, no ocultan un punto de decepción. “Me cansé mucho al subir y ¡no me sentí tan cerca del sol!, pero volveré otro año”, decía Luis Andrés, de ocho años.

Menos visitantes y más sitios arqueológicos

Cada año son más los sitios arqueológicos que reciben visitantes en estos días. Junto a Teotihuacan, lugares como Cuicuilco, Tula, Xochicalco y Malinalco abren nuevas opciones para evitar las masificaciones y poder también llenarse de energía.

Lejos del centro del país, en el Caribe mexicano, se preparan para recibir la visita de Kukulcán -la serpiente emplumada para los mayas- que desciende desde el cielo hasta la tierra debido al efecto del sol en estos días sobre las escaleras de la pirámide.

Pero algunos señalan que este año hay mucha menos gente en la zona arqueológica: “otros años tenemos muchas más visitas, no sé que ha pasado este año”, señala Fernando Sarabia, topógrafo del INAH que lleva más de 28 años trabajando en el sitio arqueológico.

“Puede ser que la gente se esté dispersando y vaya a otros lugares que se han abierto cerca, pero lo cierto es que este año hay mucha menos gente. El primer día sólo se recibieron 20,000 personas comparado con otros año son muy pocas”, cuenta.

Por otra parte, también se ha perdido la esencia de las ceremonias tradicionales y muchos se quejan de ello. “Se empieza a perder un poco el encanto místico de antes, cuando llegábamos con nuestros caracoles, tambores y realizábamos nuestras danzas. Hoy no me han dejado entrar con las plumas ni con el tambor”, asegura Vicente Guerrero concheros de la cuidad de Querétaro que siente que desde hace dos años todo está demasiado controlado y no puede expresar sus creencias de manera natural.

“Este año no se permitió que se realizaran ceremonias en la cima de la ‘Pirámide del Sol’ en Teotihuacan; ni que sonaran los tambores a lo largo de la calzada de los muertos, ni que las personas se pusieran sus tradicionales penachos emplumados.

El encanto místico que habitualmente rodea a la celebración del equinoccio de primavera se diluye entre los efectivos de seguridad que controlan con celo el acceso de cientos de personas.

Tampoco hay tiempo para realizar las ofrendas en la cima de la pirámide del sol, sólo tienes cinco minutos para llenarte de energía antes de que te obliguen a bajar”, añade.

Pero la celebración de la primavera en uno de los centros ceremoniales más importantes de México, no ha perdido del todo los aromas sagrados del copal y los bailes. Lejos de la zona principal, los concheros celebran sus rituales guiados por la figura de su Tlacualli, tal y como lo hacían sus ancestros.

“Estamos volviendo a recuperar el simbolismo prehispánico y a conectarnos de nuevo con la naturaleza y con sus dioses como lo hacían nuestros antepasados; eso nunca se perderá en este país”, asegura ajeno a cualquier problema el jefe del grupo de concheros al que todos llaman ‘el gorila’.

Un año más, Teotihuacan ha sido el escenario de una gran peregrinación en busca de la energía del sol con la que poder ir tirando el resto del año.

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